( )
3/9/2010
 
Actualidad educativa
Punto de vista
A pie de aula
Monográficos
Archivo (selección)
Noticias de internet
Visto en la red
Para leer (recomendac.)
Agenda (lengua y literatura)
Propuestas didácticas
Programaciones
Dificultades de aprendizaje
Recursos para la tutoría
Educación en valores
Selectividad
Diccionarios
Cuadernos de Lengua
Asesor legal
Asesor informático
Viajes para profesores
Ofertas de trabajo
Colabora con nosotros
Boletín Profes.net
Postales para enviar
Metabuscador
Diccionario en línea
Entrevista con José Antonio Marina
AURORA CAMPUZANO


Los valores de los ciudadanos de la Unión Europea, el papel de la escuela y, cómo no, los problemas de integración son algunos de los temas abordados por José Antonio Marina durante esta entrevista.





El filósofo y profesor de Secundaria José Antonio Marina, tiene muy claras las ideas sobre lo que ha de ser la ciudadanía europea, los valores que los ciudadanos occidentales hemos de compartir y los conocimientos que los estudiantes han de adquirir en el entorno educativo. Cree que una educación para la ciudadanía bien entendida, podría ser una solución ante el desarraigo social y el mejor camino para la convivencia.

En definitiva, Marina apuesta por una formación que ayude a nuestros niños y jóvenes a ser ciudadanos tolerantes, a disfrutar de sus derechos y responsabilizarse de sus deberes. El objetivo es difícil pero, como él siempre dice: “Eso de educar es cuestión de la tribu entera”, así que invita a todos a sumarse a la tarea.

La Educación para la Ciudadanía es un tema presente en los programas educativos europeos. Y además, queda recogida en la LOE, con una asignatura que pretende, sea obligatoria… ¿Estará satisfecho?

R-. No del todo. Creo que la LOE da poca importancia a este tema, se queda corta. La formación para la ciudadanía debería ser un tema muy serio en los planes de estudio, algo paralelo al aprendizaje. Los alumnos deben de adquirir conocimientos científicos, pero también toda una batería de competencias que les ayude a ser ciudadanos.

Es decir, una asignatura presente a lo largo de todo el sistema educativo obligatorio…

R-. Sí. En las primeras etapas, con los alumnos más pequeños, yo propongo una educación de la personalidad, de los sentimientos, de la afectividad… Y en Secundaria, una educación para la convivencia. Habría que empezar por los sentimientos -que ayudan y favorecen el “buen comportamiento”- y acabar por la ética filosófica, cuando se alcanza la madurez intelectual, al final de la enseñanza Secundaria.

¿Y cómo se “educa” en los sentimientos?

R-. Deberíamos volver a hablar de las normas de urbanidad, algo que ha estado presente en las sociedades clásicas y que hemos olvidado. La urbanidad es el conjunto de comportamientos que tradicionalmente eran necesarios para vivir en la urbe, normas que era necesario cumplir… y que si no seguías, eras calificado de salvaje. Tenemos que recuperar eso. Toda la historia de la civilización es la historia de las normas de urbanidad.

Y después “educar para la convivencia”…

R-. Es el siguiente paso. En la adolescencia los alumnos necesitan pautas para aprender a vivir, a quererse y a respetar a los demás. Una asignatura de este tipo ayudaría a los chavales a convivir consigo mismos -tenga en cuenta que el 80% de las chicas adolescentes del mundo desarrollado no está de acuerdo con su cuerpo-; también a convivir con las personas más cercanas y, por qué no, a preparar su vida futura, cuando creen su propia familia.

Y supongo que a convivir con el resto de la sociedad. Eso empieza a ser difícil en algunos colectivos como ha sucedido recientemente en Francia.

Hay que enseñar a convivir en sociedad y aquí entran en juego materias que nos pueden ser muy útiles. Los alumnos deben adquirir nociones básicas de derecho, de religión, conocimiento de las estructuras políticas y desde luego, de ética. Es decir, avanzar desde una educación de los sentimientos y de la afectividad a una formación científica que nos explica por qué esos son los buenos comportamientos.

Me ha hablado de Religión, y ese es precisamente uno de los temas más polémicos de la reforma educativa emprendida…

R-. Yo creo que la Religión debería ser una asignatura de oferta obligatoria para los centros y optativa para los alumnos. Muy bien hecha y desde luego no evaluable como asignatura. Y digo esto, porque muchos padres sienten que no están capacitados para ofrecer esa formación a sus hijos, por eso delegan voluntariamente en la escuela esa responsabilidad. Y hay que responder al reto.

Y la escuela, ¿ha sabido responder al reto de la integración?

R-. La escuela se enfrenta a una situación nueva. Queremos que los padres eduquen y que la escuela eduque, que sean los únicos educadores. Es un papel que tradicionalmente ha correspondido a las sociedades enteras, a todos sus miembros, a los profesores, a los padres, al sacerdote, al médico y al vendedor de la esquina. Todos educaban en la misma dirección porque compartían prácticamente los mismos valores. Hoy las sociedades son heterogéneas y las influencias dispares.

¿Y qué se puede hacer?

R-. Hay que promover una movilización educativa de la sociedad civil que recupere el papel educador de todos los ciudadanos. Los profesores y los padres están en la primera fila y se sienten solos en la tarea de educar. No puede ser así. Tenemos que sentir que hay detrás una sociedad que colabora en el asunto y entonces las cosas funcionarán mejor.
Foro: Lengua: competencia de todos
Foros  
¡Que alguien me ayude!
Mensajes entre profes
De segunda mano
¡Gracias profe!
Perlas cultivadas
Hoy NO es noticia...
Unidades didácticas interactivas de Lengua y Literatura
Reforma educativa