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FERNANDO CARRATALÁ
Hay muchas maneras de acercar a la Literatura a los alumnos del Primer Ciclo de la ESO por medio de la lectura de las obras de los grandes escritores -convertida esta actividad en algo recreativo y no en tarea propiamente escolar-; a través del análisis y comentario de breves textos, en prosa y en verso, que pueden servir de pretexto para ir desarrollando su sensibilidad estética; pero también -y sobre todo-, convirtiendo a los alumnos en protagonistas del quehacer literario, espoleando su creatividad inicialmente mediante la imitación de modelos y, después, dejando que su personalidad artística -esa que todos llevan dentro- aflore y se vea recompensada con el fruto de aquellos trabajos personales que, en mayor o menor grado, encuentran en la “obra de arte” su razón de ser.
Esta es, precisamente, la finalidad de las actividades que irán integrando este “Taller de Literatura”; actividades -no sujetas a un canon prefijado- con el mínimo e indispensable soporte teórico, en forma de sugerencias para su realización. Porque, como señalaba Gianni Rodari -en el Prefacio de su célebre Gramática de la fantasía-, “el uso total de la palabra para todos” es un buen lema, de bello sonido democrático; “no para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”. La Literatura -el tratamiento estético de la palabra- se convierte, así, en un cauce para la Libertad, en un vehículo de expresión de tolerancia; y el alumno amante de la Literatura, en un ser con la suficiente sensibilidad como para hacer de esa libertad -bien entendida- una manera de vivir; porque de la Libertad forma parte sustancial la libertad de expresión y, por tanto, también la artística y literaria .
• Las historias abiertas con posible elección entre más de un final
• Ficha de autor: Gianni Rodari
• Actividades (1) (pdf 53,7 kb)
• El fragmentarismo de los romances medievales
• Actividades (2) (pdf 50,7 kb)
Cuando una historia acaba, siempre cabe la posibilidad de un 'después', capaz de estimular la imaginación y llevar dicha historia por derroteros insospechados <1>.
Un maestro en 'historias abiertas' con posible elección entre más de un final es Gianni Rodari. En su obra Cuentos para jugar <2>,Rodari presenta veinte cuentos con tres finales distintos, e invita a cada lector a que lea, mire, piense y escoja el final que más le guste; y, de no encontrar un final a su gusto, le invita a que lo invente, escribiéndolo o dibujándolo por sí mismo. En las últimas páginas de la obra, el autor indica cuál es el final que él prefiere.
De esta obra de Rodari, elegimos para su lectura el tercero de los cuentos, que reproducimos a continuación <3>.
Aquellos pobres fantasmas En el planeta Bort vivían muchas fantasmas. ¿Vivían? Digamos que iban tirando, que salían adelante. Habitaban, como hacen los fantasmas en todas partes, en algunas grutas, en ciertos castillos en ruinas, en una torre abandonada, en una buhardilla. Al dar la medianoche salían de sus refugios y se paseaban por el planeta Bort, para asustar a los bortianos.
Pero los bortianos no se asustaban. Eran gente progresista y no creían en los fantasmas. Si los veían, les tomaban el pelo, hasta que les hacían huir avergonzados.
Por ejemplo, un fantasma hacía chirriar las cadenas, produciendo un sonido horriblemente triste. En seguida un bortiano le gritaba: -Eh, fantasma, tus cadenas necesitan un poco de aceite.
Supongamos que otro fantasma agitaba siniestramente su sábana blanca. Y un bortiano, incluso pequeño, le gritaba: -A otro perro con ese hueso, fantasma, mete esa sábana en la lavadora. Necesita un lavado biológico.
Al terminar la noche los fantasmas se encontraban en sus refugios, cansados, mortificados, con el ánimo más decaído que nunca. Y venían las quejas, los lamentos y gemidos:
- ¡Es increíble! ¿Sabéis lo que me ha dicho una señora que tomaba el fresco en un balcón? 'Cuidado, que andas retrasado, me ha dicho, tu reloj atrasa. ¿No tenéis un fantasma relojero que os haga las reparaciones?'
- ¿Y a mí? Me han dejado una nota en la puerta sujeta con una chincheta, que decía: 'Distinguido señor fantasma, cuando haya terminado su paseo cierre la puerta; la otra noche la dejó abierta y la casa se llenó de gatos vagabundos que se bebieron la leche de nuestro minino'.
- Ya no se tiene respeto a los fantasmas.
- Se ha perdido la fe.
- Hay que hacer algo.
- Vamos a ver, ¿qué?
Alguno propuso hacer una marcha de protesta. Otro sugirió hacer sonar al mismo tiempo todas las campanas del planeta, con lo que por lo menos no habrían dejado dormir tranquilos a los bortianos.
Por último tomó la palabra el fantasma más viejo y más sabio.
- Señoras y señores -dijo mientras se cosía un desgarrón en la vieja sábana-, queridos amigos, no hay nada que hacer. Ya nunca podremos asustar a los bortianos. Se han acostumbrado a nuestros ruidos, se saben todos nuestros trucos, no les impresionan nuestras procesiones. No, ya no hay nada que hacer... aquí.
- ¿Qué quiere decir 'aquí'?
- Quiero decir en este planeta. Hay que emigrar, marcharse...
- Claro, para a lo mejor acabar en un planeta habitado únicamente por moscas y mosquitos.
- No señor: conozco el planeta adecuado.
- ¡El nombre! ¡El nombre!
- Se llama planeta Tierra. ¿Lo veis, allí abajo, ese puntito de luz azul? Es aquél. Sé por una persona segura y digna de confianza que en la Tierra viven millones de niños que con sólo oír a los fantasmas esconden la cabeza debajo de las sábanas.
- ¡Qué maravilla!
- Pero ¿será verdad?
- Me lo ha dicho -dijo el viejo fantasma- un individuo que nunca dice mentiras.
- ¡A votar! ¡A votar! -gritaron de muchos lados.
- ¿Qué es lo que hay que votar?
- Quien esté de acuerdo en emigrar al planeta Tierra que agite un borde de su sábana. Esperad que os cuente... uno, dos, tres... cuarenta... cuarenta mil... cuarenta millones... ¿Hay alguno en contra? Uno, dos... Entonces la inmensa mayoría está de acuerdo: nos marchamos.
- ¿Se van también los que no están de acuerdo?
- Naturalmente: la minoría debe seguir a la mayoría.
- ¿Cuándo nos vamos?
- Mañana, en cuanto oscurezca.
Y la noche siguiente, antes de que asomase alguna luna (el planeta Bort tiene catorce; no se entiende cómo se las arreglan para girar a su alrededor sin chocarse), los fantasmas bortianos se pusieron en fila, agitaron sus sábanas como alas silenciosas... y helos aquí de viaje, en el espacio, como si fueran blancos misiles.
- No nos equivocaremos de camino ¿eh?
- No hay cuidado: el viejo conoce los caminos del cielo como los agujeros de su sábana...
PRIMER FINAL ...En unos minutos, viajando a la velocidad de la luz, los fantasmas llegaron a la Tierra, a la parte que estaba entonces en sombra, en la que apenas acababa de empezar la noche.
- Ahora romperemos filas -dijo el viejo fantasma-, cada uno se marcha por su lado y hace lo que le parezca. Antes del alba nos reuniremos en este mismo sitio y discutiremos sobre la situación. ¿De acuerdo? ¡Disolverse! ¡Disolverse!
Los fantasmas se dispersaron por las tinieblas en todas direcciones.
Cuando volvieron a encontrarse no cabían en la sábana de alegría.
- ¡Chicos, qué gozada!
- ¡Vaya suerte!
- ¡Qué fiesta!
- ¡Quién se iba a imaginar encontrar todavía a tanta gente que cree en los fantasmas!
- ¡Y no sólo los niños. También muchos mayores!
- ¡Y tantas personas cultas!
- ¡Yo he asustado a un doctor!
- ¡Y yo he hecho que a un comendador se le volviera blanco el pelo!
- Por fin hemos encontrado el planeta que nos conviene. Voto que nos quedemos.
- ¡Yo también!
- ¡Yo también!
Y esta vez, en la votación, no hubo ni siquiera una sábana en contra.
SEGUNDO FINAL ...En unos minutos, viajando a la velocidad de la luz, los fantasmas de Bort llegaron a gran distancia de su planeta. Pero en las prisas por irse no se habían dado cuenta de que en la cabeza de la columna se habían colocado... justamente aquellos dos fantasmas que votaron contra el viaje a la Tierra. Por si os interesa saberlo, eran dos oriundos. En otras palabras, eran dos fantasmas de Milán a los que habían hecho salir huyendo de la capital lombarda un grupo de milaneses únicamente armados de tomates podridos. A escondidas habían ido a parar a Bort, entremezclándose con los fantasmas bortianos. No querían ni oír hablar de volver a la Tierra. Pero ¡ay de ellos! si hubieran confesado ser unos clandestinos. Así que le dieron vueltas al asunto. Y dicho y hecho.
Se colocaron en la cabeza de la columna, cuando todos creían que el que indicaba el camino era el viejo y sabio fantasma, quien se había quedado dormido volando con el grupo. Y en vez de dirigirse hacia la Tierra se encaminaron hacia el planeta Picchio, a trescientos millones de miles de kilómetros y siete centímetros de la Tierra. Era un planeta habitado únicamente por un pueblo de ranas miedosísimas. Los fantasmas de Bort se encontraron a gusto, por lo menos durante unos cuantos siglos. Después parece que las ranas de Picchio dejaron de asustarse de los fantasmas.
TERCER FINAL ...En unos minutos, viajando a la velocidad de la luz, se encontraron en el territorio de la Luna y ya se preparaban para pasar a la Tierra, y poner manos a la obra, cuando vieron que por el espacio se acercaba otro cortejo de fantasmas.
- ¡Hola! ¿Quién va?
- ¿Y quiénes sois vosotros?
- No vale, nosotros os lo hemos preguntado primero. Contestad.
- Somos fantasmas del planeta Tierra. Nos marchamos porque en la Tierra ya nadie le tiene miedo a los fantasmas.
- ¿Y adónde vais?
- Vamos al planeta Bort, nos han dicho que allí hay mucha guerra que dar.
- ¡Pobrecillos! ¿Pero os dais cuenta? Justamente nosotros nos largamos del planeta Bort porque allí los fantasmas ya no tienen nada que hacer.
- ¡Cáspita! Con eso no contábamos. ¿Qué hacemos?
- Unámonos y busquemos un mundo de miedosos. Habrá quedado alguno, aunque sólo sea uno, en el inmenso espacio...
- Bien, de acuerdo...
Y eso es lo que hicieron. Unieron los dos séquitos y se hundieron en los abismos, refunfuñando de mal humor.
EL FINAL DEL AUTOR El primer final es imposible: no creo que en la Tierra queden tantos miedosos. El segundo es divertido, pero no por las ranas, pobrecitas. Me gusta más el tercero, también
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| | | | Ficha de autor | | | | | | Ficha de autor: Gianni Rodari | | | | | | Gianni Rodari nació en Omegna, Piamonte (Italia), en 1920. Maestro, periodista y divulgador de la nueva pedagogía en Italia, empezó a escribir para niños en 1950. Desde entonces ha publicado varias docenas de libros en los que, de forma magistral, sabe combinar el sentido del humor y una desbordante imaginación con una visión crítica, rebosante de ironía, del mundo actual. En 1970 obtuvo, por el conjunto de su obra, el premio internacional Hans Christian Andersen, comúnmente considerado como el más alto galardón para literatura infantil. Falleció en 1981.
Rodari es autor de un célebre libro, de lectura necesaria para quienes creen que la imaginación debe ocupar un lugar relevante en el mundo de la educación: la Gramática de la fantasía (1973) < Grammatica della fantasia > (Avance, 1977. Aliorna, 1988) -que lleva por subtítulo Introducción al arte de inventar historias-. En él expone algunas sencillas técnicas con las que se pueden construir fantásticas historias para niños, o que les pueden ayudar a estos a que las inventen ellos mismos. En títulos como Cuentos por teléfono (1962) < Favole al teléfono > (Juventud, 1993), y Cuentos para jugar (1971) < Tante storie per giocare > (Alfaguara, 1987) pueden verse plasmadas algunas de estas técnicas, que constituyen una honesta respuesta a la tan frecuente pregunta infantil acerca de cómo se inventan las historias. Los Ejercicios de fantasía (Aliorna, 1987) son también una buena muestra de la fuerza de la imaginación que preside la obra de Rodari.
Entre la larga bibliografía de Rodari citamos los siguientes títulos, publicados en España:- Jip en el televisor. (Lumen, 1964. La Galera, 1992).
- La góndola fantasma. (Bruguera, 1980. La Galera, 1988).
- Érase dos veces el Barón Lamberto. (Bruguera, 1981. La Galera, 1988).
- Pequeños vagabundos. (Bruguera, 1982. Plaza joven, 1988).
- Las aventuras de Cebollín. (Bruguera, 1982. La Galera, 1988).
- La tarta voladora. (Bruguera, 1982. La Galera, 1988).
- Atalanta. (La Galera, 1983).
- Cuentos escritos a máquina. (Alfaguara, 1983).
- El libro de los porqué. (La Galera, 1985).
- Los enanos de Mantua. (SM, 1986).
- Las aventuras de Tonino el invisible. (La Galera, 1987).
- Gelsomino en el país de los mentirosos. (La Galera, 1987).
- El juego de las cuatro esquinas. (Espasa-Calpe, 1987).
- La flecha azul. (La Galera, 1988).
- El libro de los errores. (Espasa-Calpe, 1989).
- Cuentos largos como una sonrisa. (La Galera, 1990).
- El planeta de los árboles de Navidad. (SM, 1993).
- El gato parlante. (Celeste, 1994).
- Luna de Carnaval. (Celeste, 1994).
- ¿Por qué los reyes son reyes? (Celeste, 1994).
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Muchos son los romances medievales con un final inconcluso, de insospechada sugestión poética. Esta tendencia de los romances a interrumpir la narración en el punto de máxima tensión emocional -procedimiento estético llamado por Ramón Menéndez Pidal fragmentarismo- estimula la imaginación de oyentes y lectores, que tratan de recuperar, así, las consecuencias que se siguen de la acción dramática descrita. De esta forma, los romances van perdiendo en contenido y en extensión lo que vanganando en lirismo y capacidad sugeridora.
El romance El prisionero es una buena muestra del interés que los poetas cultos manifiestan por las composiciones populares, tan profundamente arraigadas en nuestra literatura desde tiempos remotos; romance en el que el elemento narrativo, reducido al mínimo, da paso a un fresco y tierno lirismo apenas sostenido por las palabras. De las varias versiones que existen de este romance, ofrecemos, seguidamente, dos de las que podríamos llamar 'breves', en las que se condensan todas las características que Menéndez Pidal señala como propias de los romances viejos: una extrema sencillez de recursos, que se manifiesta en la eliminación de elementos maravillosos o extraordinarios, en la parquedad ornamental, en la adjetivación reprimida, en la versificación asonantada en versos pares, en fin.
El prisionero
Que por mayo era, por mayo
cuando los grandes calores,
cuando los enamorados
van a servir a sus amores,;
sino yo, triste, mezquino,
que yago en estas prisiones,
que ni sé cuándo es de día,
ni menos cuándo es de noche,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor;
matómela un ballestero;
¡déle Dios mal galardón!<4> El prisionero
Que por mayo era, por mayo
cuando hace la calor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
¡déle Dios mal galardón! <5>. El anónimo juglar se ha valido de repeticiones constantes y de paralelismos para oponer dos situaciones: el jubiloso reverdecer de la vida que trae la primavera -con sus notas más representativas: el calor de mayo, los tallos tiernos de los cereales empezando a formar caña y los campos en estado anterior a la madurez, los cantos mañaneros de la calandria y vespertino del ruiseñor, el despertar del amor- se contrapone con la dolorosa situación de un prisionero, encerrado en un oscura mazmorra, y cuyo único contacto con el mundo exterior se lo proporcionaba una frágil avecilla que le anunciaba el amanecer y a la que mató un ballestero. Ese patético contraste entre el alegre renacer de una primavera -de las que el prisionero no puede gozar- y la tristeza de la oscura prisión impregna de suave melancolía unos sencillos versos que, por sí mismos, constituyen un magnífico ejemplo de la más depurada técnica literaria. <6> El final incompleto, extraordinariamente sugerente, añade encanto poético al romance: el verso '¡dele Dios mal galardón!' sintetiza la rabiosa impotencia de quien ya ni siquiera puede sentir ese jubiloso renacer de la vida que tiene lugar fuera de los muros de la prisión.
Del romance El prisionero existen versiones más 'largas', que explican el final de la historia: el rey, que oye las cuitas del prisionero, 'mandóle quitar la prisión“. No obstante, las versiones 'cortas' son las que han atraído siempre a los lectores, que han preferido que la composición quede abierta, para interpretarla y terminarla cada cual a su modo. He aquí una versión 'larga' del romance, con su correspondiente final; versión a partir de la cual Nicolás Núñez -siglo XVI- efectuó el acortamiento, en doce versos, que hemos reproducido anteriormente.
El prisionero
Por el mes era de mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
¡déle Dios mal galardón!
Cabellos de mi cabeza
lléganme al corvejón;
los cabellos de mi barba
por manteles tengo yo;
las uñas de las mis manos
por cuchillo tajador.
Si lo hacía el buen rey,
hácelo como señor;
si lo hace el carcelero,
hácelo como traidor.
Mas quién ahora me diese
un pájaro hablador,
si quiera fuese calandria,
o tordico, o ruiseñor;
criado fuese entre damas
y avezado a la razón,
que me lleve una embajada
a mi esposa Leonor:
que me envíe una empanada,
no de trucha ni salmón,
sino de una lima sorda
y de un pico tajador:
la lima para los hierros
y el pico parta la torre.
Oídolo había el rey,
mandóle quitar la prisión. <7> VolverNOTAS
<1> Véanse las continuaciones de Pinocho o la de Cenicienta, propuestas por Gianni Rodari en el capítulo 19 de la Gramática de la fantasía, titulado 'Qué sucede después'.
<2> Los Cuentos para jugar fueron escritos para un programa radiofónico del mismo título -Tante storie per giocare-, emitido por la RAI (Radio-Televisión Italiana) en los años de 1969-70. Consideramos de interés la lectura del capítulo 41 de la Gramática de la fantasía -titulado, precisamente, 'Historias para jugar'-, en el que Rodari, a propósito de una historia de fantasmas, nos desvela algunos aspectos de las técnicas seguidas para ayudar a los niños a inventar fantásticas historias.
Viven en Marte. Bueno, no viven, van tirando, porque, allí arriba, nadie los toma en serio. Grandes y pequeños se burlan de ellos, ya no hay nadie que tenga miedo de sus viejas cadenas oxidadas... Deciden por fin emigrar a la Tierra donde, según sus informaciones, mucha gente tiene aún miedo a los fantasmas.
Los niños se ríen y aseguran que ellos no tienen ningún miedo de los fantasmas.
- La historia -digo- se interrumpe aquí. Es necesario continuarla y hacerla acabar. ¿Qué sugerís vosotros?
- Mientras hacen el viaje a la Tierra, alguien cambia de lugar los carteles indicadores del espacio y los fantasmas van a parar a una estrella lejana.
- No hay necesidad de cambiar los carteles. Los fantasmas no ven, porque tienen la sábana sobre los ojos: se equivocan de camino y acaban en la Luna.
- Algunos llegan a la Tierra, pero son demasiado pocos para asustar a la gente.
Cinco niños entre los seis y los nueve años, que hasta poco antes estaban de acuerdo en reír y burlarse de los fantasmas, están ahora igualmente de acuerdo en evitar que invadan la Tierra. Como oyentes se sentían bastante seguros para reír: como narradores obedecen a una voz interna que recomienda prudencia. Su imaginación está dirigida, ahora, por recuerdos inconscientes de todos los miedos (de fantasmas y de otros muchos que, obviamente, están representados por los fantasmas).
Así es como influyen en la matemática de la imaginación los movimientos del sentimiento. La historia sólo puede desarrollarse a través de múltiples filtros. A pesar de que se presentase como una historia grotesca, ha sido sentida como una amenaza. El 'código del destinatario' ha tocado el timbre de alarma, aunque el código del trasmisor hubiese querido desatar la risa.
En este punto, el narrador puede escoger entre un final tranquilizador ('los fantasmas acaban en el fondo de la Vía Láctea') o un final provocador ('desembarcan en la Tierra y se hacen de todos los colores'). Personalmente, en aquella ocasión elegí el camino de la sorpresa: en los páramos de la Luna los fantasmas fugitivos de Marte se encuentran con los que han huido, por las mismas razones, de la Tierra, y juntos se pierden en los abismos del espacio. He intentado liquidar el miedo con una 'risa de superioridad'. Si me equivoco, cumpliré mi penitencia. .
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<3> Tomamos el cuento de la edición publicada por Alfaguara en Clásicos Alfaguara -Madrid, Santillana, 1995-. La traducción es de Carmen Santos.
<4> Romancero Viejo. Editorial Castalia. Colección Castalia Didáctica, número 18. (Romance número 64). Edición de María Cruz García de Enterría.
<5> Romancero Viejo. Op. cit., romance número 64, en nota a pie de página.
<6> Para intensificar el júbilo primaveral de la naturaleza se reitera a principio de verso -recurso denominado anáfora- la palabra cuando, sin tilde (versos 2, 3, 5 y 7 de la segunda versión ofrecida); mientras que la reiteración de la palabra cuándo, con tilde (versos 11 y 12), ayuda a establecer un claro contraste entre el día y la noche, y hace más honda la tragedia del protagonista, encerrado en una oscura cárcel en la que ni siquiera podrá ya oír el canto del avecilla que le anunciaba el amanecer. Estas son las categorías gramaticales y funciones de ambas palabras homófonas, así como su valor estilístico en el conjunto del romance:
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<7> Citamos ahora por El Romancero Viejo. Editorial Cátedra. Colección Letras Hispánicas. (Romance número 97). Edición de Mercedes Díaz Roig.
| Contexto | Categoría y función gramatical | 'cuando hace la calor,' (verso 2)
'cuando los trigos encañan' (verso 3)
'cuando canta la calandria' (verso 5)
'cuando los enamorados' (verso 7) | Adverbio relativo de tiempo, empleado como conjunción, con el significado de en el tiempo, en el punto, en la ocasión en que. Cada verso constituye, por tanto, una proposición adverbial temporal. < Se presentan, así, las notas más características del mes de mayo >. | 'que ni sé cuándo es de día' (verso 11)
'ni cuándo las noches son' | Adverbio interrogativo, con el significado de en qué tiempo. Introduce, en ambos versos, una proposición sustantiva de complemento directo, interrogativa indirecta, dependiente de un verbo de entendimiento: sé. < De esta forma se borran los límites entre el día y la noche, y se refuerza la idea de oscuridad en que vive sumido el protagonista, que hace aún más angustiosa su prisión >. |
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