( )
3/9/2010
 
Actualidad educativa
Punto de vista
A pie de aula
Monográficos
Archivo (selección)
Noticias de internet
Visto en la red
Para leer (recomendac.)
Agenda (lengua y literatura)
Propuestas didácticas
Programaciones
Dificultades de aprendizaje
Recursos para la tutoría
Educación en valores
Selectividad
Diccionarios
Cuadernos de Lengua
Asesor legal
Asesor informático
Viajes para profesores
Ofertas de trabajo
Colabora con nosotros
Boletín Profes.net
Postales para enviar
Metabuscador
Diccionario en línea
Primer Ciclo ESO  > Textos comentados
Leyendo a Cervantes
Por Fernando Carratalá

Cervantes
Ficha de autor
Cervantes nace en Alcalá de Henares, en 1547; y muere en Madrid, en 1616. Su vida fue rica en aventuras y en desdichas. En 1571 intervino en la batalla naval de Lepanto, y fue herido en el pecho y en la mano izquierda, que le quedó inútil. Apresado por los piratas berberiscos, estuvo cautivo cinco años en Argel (1575-1580), hasta que es rescatado por los frailes Trinitarios y se instala en Madrid. En 1584 contrajo matrimonio con Catalina de Salazar. Recorre Andalucía acopiando víveres para el abastecimiento de la Armada Invencible y, al descubrirse ciertas irregularidades administrativas en el desempeño de su cargo, es procesado y encarcelado; pero queda libre al demostrarse su inocencia. Después de un periodo de cuatro años en Valladolid (1604-1608), se traslada a Madrid y desarrolla una intensa actividad literaria, que se prolonga hasta pocos días antes de su muerte, en 1616.

Cervantes hizo frente a la adversidad con dignidad y entereza. La publicación de El Quijote le proporcionó gran fama, pero no alivió sus estrecheces económicas ni sirvió para que el ambiente literario de la época reconociera su talento y extraordinarias dotes como narrador.

Es Cervantes el autor de la mejor novela que se haya escrito nunca: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha; en 1605 apareció la primera parte; y, diez años más tarde, en 1615, la segunda parte. En ella se propone burlarse de los anacrónicos libros de caballerías; pero la obra es mucho más que una sátira de tales libros. En don Quijote simboliza Cervantes el hombre que, encendido de grandes ideales, lucha por la justicia; mientras que su escudero Sancho Panza encarna el espíritu práctico y socarrón, el hombre egoísta interesado por los bienes materiales. Dos creaciones vitales -don Quijote y Sancho- contemplados siempre por Cervantes con actitud humana y comprensiva. Según observa Menéndez Pidal -en su obra Antología de prosistas españoles-, hay en El Quijote tres estilos: uno oscuro, a fuerza de afectación, con el que Cervantes se burla de los libros de caballerías -y que corresponde a los pasajes en los que don Quijote, dejándose llevar por la locura, se expresa como lo hacen los caballeros andantes de tales libros-; otro más trabajado y artificioso, a imitación de los autores italianos -que se advierte en las novelas pastoriles, cuya difusión en España alcanzó gran éxito-; y el que domina en la obra, con el que Cervantes imita la lengua familiar que sigue con ligereza el pensamiento sin preocuparse de aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los lentos pasos de la lógica gramatical.

Cervantes escribió también una novela pastoril, La Galatea (1585); doce Novelas Ejemplares (1613) -entre las que sobresale la del género picaresco Rinconete y Cortadillo-; y una novela bizantina -de aventuras-, Los trabajos de Persiles y Segismunda, publicada en 1617, con posterioridad a su muerte.

Como dramaturgo, y dentro de la fórmula teatral creada por Lope de Vega, escribió Diez comedias y ocho entremeses (1615).

En algunas de sus novelas y obras teatrales se incluyen textos poéticos. El Viaje al Parnaso (1614) es su poema más largo. Y aunque algunas de sus composiciones poéticas tienen un indudable valor artístico, su poesía ha quedado eclipsada por su obra en prosa, que le permite ocupar un lugar de excepción en nuestra literatura y en la mundial.
Textos comentados
Texto ''Batalla de Don Quijote con unos cueros de vino''

Apoyo léxico

Comentario explicativo del texto
Texto ''Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a Don Quijote''.

Apoyo léxico

Comentario explicativo del texto
Texto 1
LA BRAVA Y DESCOMUNAL BATALLA QUE DON QUIJOTE TUVO
CON UNOS CUEROS DE VINO TINTO
Del camaranchón donde reposaba don Quijote salió Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces:
- Acudid, señores, presto y socorred a mi señor, que anda envuelto en la más reñida y trabada batalla que mis ojos han visto. ¡Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza cercén a cercén, como si fuera un nabo!
- ¿Qué dices, hermano? -dijo el cura, dejando de leer lo que de la novela quedaba-. ¿Estáis en vos, Sancho? ¿Cómo diablos puede ser eso que decís, estando el gigante a dos mil leguas de aquí?
En esto, oyeron un gran ruido en el aposento, y que don Quijote decía a voces:
- ¡Tente, ladrón, malandrín, follón; que aquí te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!
Y parecía que daba grandes cuchilladas por las paredes. Y dijo Sancho:
- No tienen que pararse a escuchar, sino entren a despartir la pelea, o a ayudar a mi amo; aunque ya no será menester, porque, sin duda alguna, el gigante está ya muerto, y dando cuenta a Dios de su pasada y mala vida; que yo vi correr la sangre por el suelo, y la cabeza cortada y caída a un lado, que es tamaña como un gran cuero de vino.
- Que me maten -dijo a esta sazón el ventero- sin don Quijote, o don diablo, no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe ser lo que le parece sangre a este buen hombre.
Y con esto, entró en el aposento, y todos tras él, y hallaron a don Quijote en el más extraño traje del mundo. Estaba en camisa, la cual no era tan cumplida que por delante le acabase de cubrir los muslos, y por detrás tenía seis dedos menos; las piernas eran muy largas y flacas, llenas de vello y nada limpias; tenía en la cabeza un bonetillo colorado, grasiento, que era del ventero; en el brazo izquierdo tenía revuelta la manta de la cama, a la que tenía ojeriza Sancho, y él sabía bien el porqué; y en la derecha, desenvainada la espada, con la cual daba cuchilladas a todas partes, diciendo palabras como si verdaderamente estuviera peleando con algún gigante. Y es lo bueno que no tenía los ojos abiertos, porque estaba durmiendo y soñando que estaba en batalla con el gigante; que fue tan intensa la imaginación de la aventura que iba a fenecer, que le hizo soñar que ya había llegado al reino de Micomicón, y que ya estaba en la pelea con su enemigo. Y había dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo que las daba al gigante, que todo el aposento estaba lleno de vino. Lo cual, visto por el ventero, tomó tanto enojo que arremetió contra don Quijote, y a puño cerrado le comenzó a dar tantos golpes que, si Cardenio y el cura no se lo hubieran quitado, él habría acabado la guerra del gigante; y, con todo aquello, no despertaba el pobre caballero, hasta que el barbero trajo un gran caldero de agua fría del pozo y se le echó por todo el cuerpo de golpe, con lo cual despertó don Quijote; mas no con tanto acuerdo, que echase de ver de la manera en que estaba.
Dorotea, que vio cuán corta y sutilmente estaba vestido, no quiso entrar a ver la batalla de su ayudador y de su contrario.
Andaba Sancho buscando la cabeza del gigante por todo el suelo y, como no la hallaba, dijo:
- Ya yo sé que todo lo de esta casa es encantamiento; que la otra vez, en este mismo lugar donde ahora me hallo, me dieron muchos mojicones y porrazos, sin saber quién me los daba, y nunca pude ver a nadie; y ahora no aparece por aquí esta cabeza que vi cortar por mis mismísimos ojos, y la sangre corría del cuerpo como de una fuente.
- ¿Qué sangre ni qué fuente dices, enemigo de Dios y de sus santos? -dijo el ventero. ¿No ves, ladrón, que la sangre y la fuente no es otra cosa que estos cueros que aquí están horadados y el vino tinto que nada en este aposento, que nadando vea yo el alma, en los infiernos, de quien los horadó?
- No sé nada -respondió Sancho-: sólo sé que vendré a ser tan desdichado, que, por no hallar esta cabeza, se me ha de deshacer mi condado como la sal en el agua.
Y estaba peor Sancho que su amo durmiendo; tal le tenían las promesas que su amo le había hecho. El ventero se desesperaba de ver la flema del escudero y el maleficio del señor, y juraba que no había de ser como la vez pasada, que se le fueron sin pagar; y que ahora no le habían de valer los privilegios de su caballería para dejar de pagar lo uno y lo otro, aun hasta lo que pudiesen costar las botanas que se habían de echar a los rotos cueros.
Tenía el cura de las manos a don Quijote, el cual, creyendo que ya había acabado la aventura, y que se hallaba delante de la princesa Micomicona, se hincó de rodillas delante del cura, diciendo:
- Bien puede la vuestra grandeza, alta y famosa señoría, vivir, de hoy más, segura de que le pueda hacer mal esta mal nacida criatura; y yo también, de hoy más, soy quito de la palabra que os di, pues, con la ayuda del alto Dios y con el favor de aquella por quien yo vivo y respiro, tan bien la he cumplido.
- ¿No lo dije yo? -dijo oyendo esto Sancho-. Sí que no estaba yo borracho: ¡mirad si tiene puesto ya en sal mi amo al gigante! ¡Ciertos son los toros: mi condado está de molde!

Miguel de Cervantes Saavedra
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, I, XXV.
Ediciones SM.

Volver
Apoyo léxico
  • Cuero. Odre, recipiente hecho con piel de cabra que se emplea para contener vivo o aceite.

  • Camaranchón. Desván.

  • Cercén a cercén. Enteramente y en redondo.

  • Malandrín. Bellaco.

  • Follón. Fanfarrón

  • Cimitarra. Espada grande de hoja curvada que usaban los turcos.

  • Despartir. Separar, apaciguar

  • A esta sazón. Entonces.

  • Bonetillo. Gorro de dormir.

  • Fenecer. Acabar.

  • Acuerdo. Conocimiento.

  • Sutilmente. Escasamente.

  • Mojicón. Golpe dado en la cara con la mano.
  • Horadar. Agujerear, atravesando de parte a parte.

  • Botana. Remiendo que se pone en los agujeros de los odres para que no se salga el líquido.

  • De hoy más. De ahora en adelante.

  • Segura que. Descuidada de que.

  • Soy quito. Quedo libre.
    ¡Mirad si tiene puesto ya en sal mi amo al gigante! Sancho imagina al gigante como a un cerdo al que salan después de muerto.

  • ¡Ciertos son los toros! Es verdad.

  • Mi condado está de molde. Mi condado está seguro y hecho a mi medida.
Volver
Breve comentario explicativo del texto
Por su obra Don Quijote de la Mancha (primera parte, 1605; segunda parte, 1615), Cervantes está considerado como uno de los más extraordinarios creadores de la literatura universal y, sin duda, como el escritor de mayor ingenio y talento narrativo de la literatura española de todos los tiempos.

Cervantes relata en esta obra las múltiples aventuras de un pobre hidalgo que, trastornado por sus muchas lecturas de libros de caballerías, termina por creerse caballero andante, y abandona su pueblo manchego, imbuido de nobles ideales, para combatir el mal allá donde quiera que se encuentre, y para luchar en favor de los más débiles y desvalidos, y por el triunfo de la justicia. Y, como en las novelas de caballerías, don Quijote encuentra una dama que inspire sus esforzadas acciones -una rústica aldeana a la que llama Dulcinea del Toboso, que encarna el ideal más acabado de mujer-; y cuenta con los servicios de un escudero -Sancho Panza, un campesino tan simple como socarrón, y de espíritu enormemente pragmático-, que decide participar en las locuras de don Quijote, convencido de que le nombraría gobernador de una ínsula. La fuerza cómica de la obra reside, precisamente, en el contraste entre el clima heroico de las novelas de caballerías y el ambiente vulgar en que se enmarcan las situaciones grotescas en que ambos personajes se ven envueltos, y a través de las cuales Cervantes ridiculiza los malos libros de caballerías y aprovecha para satirizar -bien que benévolamente- la sociedad de su época.

En esta aventura, don Quijote, con los ojos cerrados -pues estaba durmiendo-, soñando que se encontraba en el reino de Micomicón y en pelea con un gigante, daba con su espada cuchilladas a todas partes, e iba atravesando con ella los odres que contenían vino. El ventero interpreta el alboroto que don Quijote armaba en su aposento como la obra de un loco, que atraviesa a cuchilladas unos cueros de vino tinto y a quien le parece sangre -del gigante enemigo de la princesa Micomicona- el vino derramado; y reacciona ante la batalla que don Quijote sostenía con los cueros de vino arremetiendo contra él y dándole incontable golpes, que no fueron más por la intervención de Cardenio y del cura, que los separaron. Por su parte, Sancho Panza busca por todas partes la cabeza del gigante que don Quijote creía haber cortado. Su afirmación de que “Ya yo sé que todo lo de esta casa es encantamiento” prueba que, en esta ocasión, llega a contagiarse de la locura de su señor, y por eso cree haber visto con sus ojos a don Quijote cortar la cabeza del gigante y manar la sangre de su cuerpo como si de una fuente se tratara. Es, pues, el episodio del acuchillamiento de los cueros de vino uno de los que mejor reflejan el proceso de “quijotización” de Sancho Panza.

Y para lograr una mayor adecuación de la realidad a la ficción caballeresca, Cervantes hace que don Quijote -en un pasaje como este, en que se deja llevar por la locura- se exprese en el lenguaje propio de la caballería, y para ello recurre a un estilo oscuro a fuerza de afectación; si bien -como señala Menéndez Pidal-, el estilo que domina en la narración es aquel en que Cervantes imita “la lengua familiar que sigue con ligereza el pensamiento sin preocuparse de aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los lentos pasos de la lógica gramatical”.
Volver
Texto 2
DONDE SE CUENTA DEL EXTRAORDINARIO SUCESO, QUE SE PUEDE TENER POR AVENTURA, QUE LE SUCEDIÓ A DON QUIJOTE.
Llegó, pues, la hora de cenar, recogiese en su estancia don Quijote, trajo el huésped la olla, así como estaba, y sentose a cenar muy de propósito. Parece ser que en otro aposento que junto al de don Quijote estaba, que no dividía más que un sutil tabique, oyó decir don Quijote:
- Por vida de vuestra merced, señor don Jerónimo, que en tanto traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.
Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie, y con oído alerta escuchó lo que de él trataban, y oyó que el tal don Jerónimo referido respondió:
- ¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates? Y el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda.
- Con todo eso -dijo el don Juan-, estará bien el leerla, pues no hay libro tan malo que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mí en este más desplace es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso.
Oyendo lo cual don Quijote, lleno de ira y de despecho, alzó la voz y dijo:
- A quienquiera que dijere que don Quijote de la Mancha ha olvidado, ni puede olvidar, a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con armas iguales que va muy lejos de la verdad; porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede ser olvidada, ni en don Quijote puede caber olvido: su blasón en la firmeza, y su profesión, el guardarla con suavidad y sin hacerse fuerza alguna.
- ¿Quién es el que nos responde? -respondieron del otro aposento.
- ¿Quién ha de ser -respondió Sancho- sino el mismo don Quijote de la Mancha, que hará bueno cuanto ha dicho, y aun cuanto dijere?; que al buen pagador no le duelen prendas.
Apenas hubo dicho esto Sancho, cuando entraron por la puerta de su aposento dos caballeros, que tales lo parecían, y uno de ellos, echando los brazos al cuello de don Quijote, le dijo:
- Ni vuestra presencia puede desmentir vuestro nombre, ni vuestro nombre puede no acreditar vuestra presencia: sin duda, vos, señor, sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas como lo ha hecho el autor de este libro que aquí os entrego.
Y poniéndole un libro en las manos, que traía su compañero, lo tomó don Quijote, y, sin responder palabra, comenzó a hojearle, y de allí a un poco se le volvió, diciendo:
- En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera, es algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque algunas vez escribe sin artículos, y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal, de la historia; porque aquí dice que la mujer de Sancho Panza mi escudero se llama Mari Gutiérrez, y no se llama tal, sino Teresa Panza; y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá temer que yerra en todas las demás de la historia.
A esto dijo Sancho:
- ¡Donosa cosa de historiador! ¡Por cierto, bien debe de estar en el cuento de nuestros sucesos, pues llama a Teresa Panza, mi mujer, Mari Gutiérrez! Torne a tomar el libro, señor, y mire si ando yo por ahí y si me ha mudado el nombre.
- Por lo que he oído hablar, amigo, -dijo don Jerónimo-, sin duda debéis de ser Sancho Panza, el escudero del señor don Quijote.
- Sí soy -respondió Sancho-, y me precio de ello.
- Pues a fe -dijo el caballero- que no os trata este autor moderno con la limpieza que en vuestra persona se manifiesta: píntaos comedor y simple, y nada gracioso, muy otro del señor Sancho que en la primera parte de la historia de vuestro amo se describe.
- Dios se lo perdone -dijo Sancho-. Dejárame en mi rincón, sin acordarse de mí, porque quien las sabe las tañe, y bien está San Pedro en Roma.

Miguel de Cervantes Saavedra
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, II, LIX.
Ediciones SM.

Volver
Apoyo léxico
  • Estancia. Habitación.

  • Huésped. Mesonero o amo de posada.

  • Olla. Comida preparada con carne, tocino, legumbres y hortalizas, principalmente garbanzos y patatas, a lo que se añade a veces algún embuchado y todo junto se cuece y sazona. Era en España el plato principal de la comida diaria.

  • Cenar muy de propósito. Con la decidida intención de hacer pasar rápidamente el guiso del plato al estómago.

  • Aposento. Habitación.

  • Sutil. Delgado.

  • Alerto. Atento, vigilante.

  • Desplacer. Disgustar, desagradar.

  • Despecho. Enfado o desesperación.

  • Sin par. Singular, que no tiene igual o semejante. Esta locución adjetiva se usa para ponderar la excelencia de alguien o algo.

  • Blasón. Honor o gloria.

  • Donosa. Graciosa.

  • Moderno. Novato.

  • Quien las sabe las tañe, y bien está San Pedro en Roma. Cada uno sabe de lo suyo y debe permanecer en su lugar.
Volver
Breve comentario explicativo del texto
El texto reproducido pertenece a la Segunda Parte de Don Quijote de la Mancha, que data de 1615 -en concreto, es un fragmento del capítulo LIX-; y consta de tres partes:
  • El diálogo -escuchado por don Quijote desde un aposento contiguo- que mantienen don Juan y don Jerónimo acerca de la conveniencia o no de leer la Segunda Parte de Don Quijote de la Mancha. Don Jerónimo cree que no debe perderse el tiempo leyéndola, pues la Primera Parte sólo contiene una relación de disparates; mientras que don Juan mantiene la opinión contraria -aunque le disgusta que en esta Segunda Parte don Quijote se halle desenamorado de Dulcinea-, ya que no hay libro tan malo que no tenga alguna cosa buena; frase de Plinio que, sin duda, expresa la opinión de Cervantes.

  • La ira de don Quijote, quien a grandes voces proclama que conserva firmes sus sentimientos amorosos hacia Dulcinea, pues la fidelidad a esos sentimientos es nota distintiva de su carácter.

  • El ajuste de cuentas con el Quijote apócrifo de Alonso Fernández de Avellaneda. Precisamente una de las peculiaridades del libro de Avellaneda -publicado en Tarragona, en 1614, un año antes de que Cervantes publicara la Segunda Parte- es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso, lo cual quebraba de golpe la estructura psicológica del personaje. Avellaneda, que fue incapaz de mantener la sutil figura de Dulcinea, hizo que don Quijote renunciara a ella y adoptara el nombre del caballero desenamorado.
La enemistad entre Cervantes y Avellaneda queda ya patente en el prólogo de la Segunda Parte de la obra, en el que Cervantes responde con fina ironía a los insultos e injurias -viejo, manco, murmurador, agresor de sus lectores...- que había dirigido contra él Avellaneda. Cervantes alude ahora a aquellos insultos cuando dice que la primera cosa digna de reprehensión que encuentra en El Quijote de Avellaneda es algunas palabras que he leído en el prólogo. Con respecto a la segunda cosa digna de reprehensión, es cierto que en El Qujote apócrifo son frecuentes los aragonesismos, aunque esto no prueba que su autor fuera aragonés -y, además, no está claro para la crítica el significado del término artículos-. Finalmente, y como tercera cosa digna de reprehensión, alude Cervantes al hecho de que Avellaneda llamase Mari Gutiérrez a la mujer de Sancho Panza, sin haber sabido interpretar la polionomasia a que Cervantes la somete, y que comienza en el capítulo VII de la Primera Parte, asignándole los nombres de Juana Gutiérrez y Mari Gutiérrez, nombres a los que añadirá hasta tres más: Juana Panza, Teresa Panza y Teresa Cascajo. En cuanto a la figura de Sancho Panza, es este otro de los mayores desaciertos de Avellaneda, ya que lo convierte en un ser soez, estúpido, sucio y glotón; como desacierto es limitarse a presentar a don Quijote como un simple loco. (Precisamente cenando con él, don Juan y don Jerónimo tienen ocasión de comprobar que don Quijote es persona discreta, muy distinta del mentecato que presenta Avellaneda, sin saber determinar qué grado le darían entre la discreción y la locura). Lo cierto, en fin, es que al actuar como personajes de ficción que juzgan otra ficción, Don Quijote y Sancho no sólo afirman su propia autenticidad y la falsedad de los personajes de Avellaneda, sino que, además, ven intensificada su ilusión de realidad, pues su reconocimiento se produce en una reunión con don Juan y don Jerónimo, personajes supuestamente reales.
Volver


Foro: Lengua: competencia de todos
Foros  
¡Que alguien me ayude!
Mensajes entre profes
De segunda mano
¡Gracias profe!
Perlas cultivadas
Hoy NO es noticia...
Unidades didácticas interactivas de Lengua y Literatura
Reforma educativa