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3/9/2010
 
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(Abr. 04) La poesía social de Blas de Otero
FERNANDO CARRATALÁ TERUEL. Profesor del IES ''Rey Pastor'', de Madrid.
Sobre la obra de Blas de Otero ofrecemos seguidamente una detallada información, complementada con una breve antología para poderse formar una idea cabal de la categoría poética de uno de los mejores artífices de la lengua castellana del siglo XX.

El contenido social de la poesía de Otero

El escritor vasco Blas de Otero es, en opinión de amplios sectores de la crítica, el poeta lírico más relevante en el panorama de la poesía contemporánea española. Nació en Bilbao en 1916. Hizo el Bachillerato en Madrid y cursó la carrera de Derecho, que nunca ejerció. Fue Premio Boscán de poesía (1950, Redoble de conciencia) y Premio Fastenrath.

Otero se ha mantenido al margen de grupos literarios siguiendo un camino muy personal, aunque en él aparecen las tendencias en las que crecen y maduran los nuevos poetas de la posguerra: poesía de tono religioso; poesía de intención anticlasicista y antiformalista (poesía “desarraigada”, en denominación de Dámaso Alonso), en respuesta al neogarcilasismo de José García Nieto y otros poetas de la llamada “Juventud Creadora” -años 1939-1944 aproximadamente-, e iniciada en 1944 con dos grandes libros: Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre, e Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, libros que traen una poesía más humana y auténtica; y la que se ha llamado poesía “social”. Blas de Otero queda inmerso en estas tres tendencias, pero sin dependencia, sin ser en ninguna de ellas un mero seguidor de una moda poética.

Otero pretende huir del famoso lema de Juan Ramón Jiménez “A la minoría siempre” o “A la inmensa minoría”, y se dirige “A la inmensa mayoría” (dedicatoria que estampa al frente de uno de sus libros), a esa inmensa mayoría de hombres que, al igual que el poeta, nacen, viven, aman, sufren y mueren, en un mundo como un árbol desgajado.

La trayectoria poética de Otero en lo temático e ideológico apunta con seguridad a una meta: la progresiva inclusión del poeta en el “nosotros”, su olvido de sí mismo para perderse en el mar del “nosotros”, en esa fronda de turbias frentes y sufrientes pechos. Como señala el profesor Alarcos Llorach, la poesía es para Blas de Otero labor de apostolado “de sumergimiento en la inmensa mayoría, de poner el dedo en las llagas que padece y sufrirlas con ella, de manera que así despierte y comience a levantar las ruinas <...>. La obra de Otero es, pues, una tarea de por vida, de despertador de la conciencia humana, de apelación a la íntima verdad.” <1>

Otero, vuelto a los hombres (Definitivamente cantaré para el hombre. / Algún día -después- alguna noche, / me oirán. Hoy van -vamos- sin rumbo, / sordos de sed, famélicos de oscuro. De Ángel fieramente humano-), desea darles paz:

Allá voy voceando paz, a pasos
agigantados, avanzando a brincos incontenibles
incontenibles <...>.


        De Ancia

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad <...>.


        De Pido la paz y la palabra

Si me muero, que sepan que he vivido
luchando por la vida y por la paz.
Apenas he podido con la pluma,
apláudanme el cantar.


        De Que trata de España

Y es sobre España donde Otero quisiera derramar y vocear sus palabras de paz, sobre una España que no esté royendo ni se trague a sus propios hijos. La paz aportará la alegría que Otero pide para su patria:

Para ti, patria, árbol arrastrado
sobre los ríos, ardua España mía,
en nombre de la luz que ha alboreado
alegría.


        De Pido la paz y la palabra

Y en paz y alegría los hombres podrán entrar “a pie desnudo en el arroyo claro, / fuente serena de la libertad”.

La escasa producción de Otero

Otero es poeta demasiado exigente consigo mismo; corrige mucho sus versos y ha publicado con parquedad y con lentitud: “Corrijo -nos dice Otero-, casi exclusivamente, en el momento de la creación: por contención, por eliminación, por búsqueda y por espera”; contención y eliminación que hacen que su poesía sea concentrada, conceptual, difícil ya que no hermética; búsqueda y espera que explican la parquedad y el retraso de su producción pública. Lentitud, firmeza, trabajo y reflexión son los conceptos que desde un principio informan el quehacer poético de Otero. En el poema “La Obra” -de 1941- nos dice ya el poeta:

<...> Lenta pluma,
alto trabajo firme y pensativo
cortándome las horas por la espalda.


En los pocos títulos publicados, la poesía de Otero se nos revela como una de las que presentan un mayor aprovechamiento de todos los recursos expresivos que ofrece la lengua, así como una íntima simbiosis entre contenido y expresión. Los siguientes títulos son el reflejo de su primera etapa poética:

- Ángel fieramente humano (Ínsula, Madrid, 1950).
- Redoble de conciencia (Instituto de Estudios Hispánicos, Barcelona, 1951).
- Ancia (A. P. Editor, Barcelona, 1958), que contiene refundidos los dos libros anteriores y casi medio centenar de nuevos poemas.

Y estos otros títulos corresponden a su segunda época:

- Pido la paz y la palabra (Cantalapiedra, Torrelavega, 1955).
- En castellano (con traducción francesa, Parler clair, de CI. Couffon, Seguers, París, 1959)
- Que trata de España (Ruedo Ibérico, París, 1964).
- Esto no es un libro (obra editada en 1963 por la Universidad de Puerto Rico, con poemas procedentes de unas y otras colecciones)

Y de su labor como prosista, la editorial Alfaguara ha publicado Expresión y reunión (Madrid, 1969) e Historias fingidas y verdaderas (Madrid, 1970).

Los recursos estilísticos de la poesía de Otero

Antes de ofrecer una panorámica ilustradora, forzosamente restringida, de la poesía de Otero, nos parece conveniente señalar algunos aspectos de su forma lingüística. Remitimos al lector al libro ya citado de Alarcos Llorach La poesía de Blas de Otero, en el que el ilustre académico estudió magistralmente los recursos técnicos que prestan a la lengua de Otero una alta eficacia expresiva.

1. La dislocación del ritmo fluyente -o encabalgamiento-, al no existir una adecuación entre las secuencias sintáctica y métrica, con lo que el poema nos produce una impresión de violencia. Véase, en la breve antología con la que termina este trabajo, el soneto “Lástima”; la acumulación de muchos versos cabalgando los unos sobre los otros y el fraccionamiento de la unidad métrica de la casi totalidad de ellos por las pausas sintácticas -aceleramiento del ritmo expresivo y paradas bruscas- rompen el equilibrio del poema, que nos traduce la sensación de violencia que quiere sugerir el poeta.

2. La intensificación expresiva que se obtiene con la reiteración del mismo elemento léxico -repetición de una palabra-, o del mismo elemento sintáctico -agregación de una nueva palabra con idéntica función gramatical- o con el desarrollo de variaciones -varios subtemas- sobre un mismo tema. Véase el sobrecogedor poema, en versículos, “Crecida”, en el que el poeta, que percibe las consecuencias de la guerra mundial, va avanzando por Europa inundada de sangre: es el tema principal, que va apareciendo, desapareciendo y reapareciendo, modificado por distintos esquemas sintácticos; y como subtemas, el avance penoso del poeta, la sangre, el tiempo (ese “algunas veces” que se vuelve definitivamente “siempre”: “no / veo más que sangre, / sangre, / siempre / sangre, / sobre Europa no hay más que / sangre”) y, al final, dentro de la sangre, la rosa de la paz, la sed de paz que trae el poeta. Sin la menor duda, la magistral utilización de las reiteraciones logran conferir al poema un ritmo obsesivo, que trasluce un profundo sufrimiento ante los efectos de las guerras.

3. El ritmo insistente, reiterador y tenaz que producen las formas paralelísticas (el paralelismo es la reiteración de secuencias cuyos elementos presentan idéntica estructura sintáctica, con contenidos psíquicos equivalentes). Véase, por ejemplo, la estructura del soneto “Cuerpo de la mujer”: los dos cuartetos y el primer terceto se organizan conforme a un mismo esquema sintáctico: “cuerpo de la mujer”/ comparación / “donde” / circunstancia / verbo (con sus sujetos y complementos); e incluso en cada una de estas estrofas hay otros elementos reiterativos paralelísticos. El poema -como ha señalado Emilio Alarcos en la obra ya citada- queda, además, dividido en dos partes, entre las que se establece, mediante una adecuada selección léxica, un claro contraste: el “antes” implícito en los dos cuartetos, que corresponde a una perspectiva sentimental ilusionada (todo es claro y luminoso: “río de oro”, “racimos de luz”, “frondor”, “mar de oro”, “alas de oro...”); y el “después” explícito en el primer terceto (“después de tanta luz, de tanto / tacto sutil”), que con sus tonos sombríos supone el paso a otra perspectiva: el “río de oro” es ahora “fuente de llanto”, la “luz” se convierte en “pena”.

También en los poemas “En el principio” y “Anchas sílabas” pueden observarse con claridad desarrollos paralelísticos, si bien las terceras estrofas introducen ligeras variaciones en el ritmo paralelístico de ambos poemas.

Cantar de amigo

4. El aprovechamiento del “valor poético” de los largos adverbios en -mente, tan abundantes en los versos de Otero. En estos adverbios (compuestos de adjetivo + morfema -mente), el morfema -mente no es, en modo alguno, un peso muerto de nula significación que confiera pesadez a la expresión; antes por el contrario, la resonancia expresiva del adjetivo se prolonga y resulta incrementada en el morfema -mente. Léanse, por ejemplo, los poemas “Igual que vosotros”, “Tú, que hieres” (ambos de Ángel fieramente humano), “Tierra” (de Redoble de conciencia), en los que Otero maneja los adverbios acabados en -mente con gran destreza expresiva. Reproducimos ahora tan solo los cuartetos iniciales del soneto “Ciegamente” (también de Ángel fieramente humano): el segundo cuarteto aparece encerrado entre los adverbios “inconsolablemente” -repetición inmediata del adverbio con el que termina el primer cuarteto- y el “lentamente”; adverbios en -mente que “tiñen” con su valor semántico los respectivos versos y que, combinados con frases adverbiales de tipo iterativo y con gerundios, en construcciones paralelísticas, confieren al poema un ritmo enormemente pausado y lento:

Porque quiero tu cuerpo ciegamente.
Porque deseo tu belleza plena.
Porque busco ese horror, esa cadena
mortal, que arrastra inconsolablemente.

Inconsolablemente. Diente a diente,
voy bebiendo tu amor, tu noche llena.
Diente a diente, Señor, y vena a vena,
vas sorbiendo mi muerte. Lentamente.


5. El aprovechamiento expresivo del material fónico. Estos son algunos de los recursos fónicos empleados con frecuencia por Otero:

a) La expresión de contenidos de disparidad semántica mediante palabras con semejanza fónica. Véanse el último verso del soneto “Lástima” y el primer terceto del soneto “Cuerpo de la mujer”.

b) El juego de palabras que se apoya en la homofonía. Véanse estos versos de “Ancia”:

Eché la noche por la borda. Al borde
del vértigo, viré y cambié de sitio.
Hoy hilo, hilo a hilo, la esperanza
a ojos cerrados, sin perder el hilo.


(Como puede comprobarse, el primer hilo es verbo; el segundo y el tercero constituyen una frase adverbial iterativa; y el cuarto es también sustantivo, pero formando parte de la frase hecha perder el hilo, es decir, equivocarse).

c) La aliteración producida por la repetición de un mismo sonido o la reiteración de sonidos muy afines. En el soneto “Cuerpo de la mujer”, por ejemplo, aparecen diversas aliteraciones: interdentales y vibrantes en el primer cuarteto (brazos-recibimos-luz-relámpago-azul-racimos-rasgada); silbantes en el segundo cuarteto (“no sabemos / si los senos son olas, si son remos / los brazos, si son alas solas de oro...”); oclusivas dentales y nasales implosivas en el primer terceto (fuente-llanto-donde “después de tanta luz, de tanto / tacto sutil, de Tántalo es la pena”).

d) Cierto tartamudeo silábico, producto del ímpetu apasionado y vehemente de Otero, que articula tumultuosamente los mismos sonidos. Véanse estos versos de Pido la paz y la palabra: “Árboles abolidos, / volveréis a brillar/ al sol. Olmos sonoros, altos / álamos, lentas encinas, / olivos / en paz...”, donde se repiten inmediatamente -ol, de la palabra “sol”, y -ol, de la palabra “olmos”.

Antología poética

Los poemas seleccionados pertenecen a Ángel fieramente humano (I y II), Redoble de conciencia (III), Pido la paz y la palabra (IV, V y VI), En castellano (VII), Esto no es un libro (VIII), y Que trata de España, (IX). De algunos de ellos se han comentado con anterioridad algunos de los recursos estilísticos que más singularizan a la poesía de Otero. <2>

I. Cuerpo de la mujer
II. Crecida
III. Lástima
IV. A la inmensa mayoría
V. En el principio
VI. En nombre de muchos
VII. Anchas sílabas
VIII. Por venir
IX. No te aduermas

La técnica del “couplig” en Otero

El fenómeno denominado por S. R. Levin coupling <5> viene a confirmar la teoría de Roman Jakobson sobre la recurrencia como principio constructivo de la lengua literaria. Consiste el coupling en “la colocación de elementos lingüísticos equivalentes en posiciones también equivalentes; o dicho a la inversa, en la utilización de posiciones equivalentes como engaste de elementos fónicos o semánticos equivalentes”. Pues bien, en el siguiente texto de Blas de Otero puede apreciarse con claridad la poderosa trabazón que crean los couplings:

Soneto "Cuerpo de mujer"

Las incursiones en “la prosa” de Otero

Del quehacer prosístico de Otero es buena muestra, por ejemplo, el magnífico volumen Historias fingidas y verdaderas, del que recogemos dos breves y sorprendentes muestras.

Reforma agraria

Aquí nos exhibimos tal como somos, en la feria colorista.

Donoso retablo de maese Pedro, bajo el din-dón de las campanas, atabales de la tarde de toros, chirimías y carruseles verbeneros. ¡Hermosa tierra de España! Campo de soledad, éxodo hacia la ciudad, emigración hacia improbables países. El campo y sus anchas espaldas. La boca desdentada. El santo campo blanqueado.

Estático. ¿Los siglos? Sombras vanas. Se nos apareciese en esta llanura el rancio arlequín de Don Quijote, no fingiríamos asombro. Se moviese por estos campos gente armada de la Santa Hermandad, no dudaríamos un momento. Adviniese por ese sendero algún familiar del Santo Oficio, estamos curados de espanto.

Museo del Prado

La mano en el pecho del Caballero. La camisa de los Fusilamientos. Dos cosas difíciles de soportar sin dar un grito. El grito de libertad que iza los brazos, o el grito de la lechuza que cruza la noche.

Ritmo preciso de Las Hilanderas. Luz casi humana. El pañizuelo, el brazo cercano, la espalda apenas. No hay grito que valga ni silencio que colme.

Podré acercarme al Greco; conversar con Goya; estar, sólo con Velázquez.


Notas

<1> Cfr.: La poesía de Blas de Otero -quizá uno de los mejores libros que se han escrito sobre el poeta-. Madrid, ediciones Anaya, 1973. Colección Temas y estudios.

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<2> Es el propio Blas de Otero quien efectúa una selección de su obra para la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra. El volumen -número 3 de la colección- lleva por título Verso y prosa.

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<3> Con el poema “A la inmensa mayoría”, escrito en cuartetos asonantados, comienza que el libro que inaugura el segundo ciclo de Blas de Otero: Pido la paz y la palabra. Su poesía anterior -expresión de sus anhelos religiosos, de su diálogo sin respuesta con el Dios del Antiguo Testamento y la situación de desvalimiento en que queda el hombre- le parece ahora tremendamente insolidaria; por eso Otero “rompió todos sus versos” (verso 4) y, dando un giro radical a su poesía, “un buen día bajó a la calle” (verso 3) para enfrentarse con el dolor de las gentes que sufren, clamando por la paz y la justicia; tal y como recoge el cuarteto con el que concluye el poema, verdadera declaración de intenciones de un poeta comprometido ya de por vida con los problemas humanos de la colectividad.

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<4> El poema “En nombre de muchos” figura comentado en el libro de texto de Lengua española, correspondiente al primer curso del Bachillerato Unificado Polivalente, y publicado por Anaya; comentarios de Fernando Lázaro Carreter y Vicente Tusón, difícilmente superables.

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<5> El término coupling fue propuesto por Levin en su ya clásico libro Estructuras lingüísticas en la poesía (Madrid, editorial Cátedra, 1974; la edición original inglesa es de 1962). Los vocablos castellanos apareamiento, emparejamiento y acoplamiento se emplean como sinónimos de aquél.

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I. Cuerpo de la mujer

Tántalo, en fugitiva fuente de oro

Cuerpo de la mujer, río de oro
donde, hundidos los brazos, recibimos
un relámpago azul, unos racimos
de luz rasgada en un frondor de oro.

Cuerpo de la mujer o mar de oro donde,
amando las manos, no sabemos
si los senos son olas, si son remos
los brazos, si son alas solas de oro...

Cuerpo de la mujer, fuente de llanto
donde, después de tanta luz, de tanto
tacto sutil, de Tántalo es la pena.

Suena la soledad de Dios. Sentimos
la soledad de dos. Y una cadena
que no suena, ancla en Dios almas y limos.


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II. Crecida

Con la sangre hasta la cintura, algunas veces
con la sangre hasta el borde de la boca,
voy
avanzando
lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios
algunas veces,
voy
avanzando sobre este viejo suelo, sobre
la tierra hundida en sangre,
voy
avanzando lentamente, hundiendo los brazos
en sangre,
algunas
veces tragando sangre,
voy sobre Europa
como en la proa de un barco desmantelado
que hace sangre,
voy
mirando, algunas veces,
al cielo
bajo,
que refleja
la luz de la sangre roja derramada,
avanzo
muy
penosamente, hundidos los brazos en espesa
sangre,
es
como una esperma roja represada,
mis pies
pisan sangre de hombres vivos
muertos,
cortados de repente, heridos súbitos,
niños
con el pequeño corazón volcado, voy
sumido en sangre
salida,
algunas veces
sube hasta los ojos y no me deja ver,

no
veo más que sangre,
sangre,
siempre
sangre,
sobre Europa no hay más que
sangre.

Traigo una rosa en sangre entre las manos
ensangrentadas. Porque es que no hay más
que sangre,

y una horrorosa sed
dando gritos en medio de la sangre.


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III. Lástima

Me haces daño, Señor. Quita tu mano
de encima. Déjame con mi vacío,
déjame. Para abismo, con el mío
tengo bastante. ¡Oh Dios!, si eres humano,

compadécete ya, quita esa mano
de encima. No me sirve. Me da frío
y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío
como tú. Y a soberbio, yo te gano.

Déjame. ¡Si pudiese yo matarte,
como haces tú, como haces tú! Nos coges
con las dos manos, nos ahogas. Matas

no se sabe por qué. Quiero cortarte
las manos. Esas manos que son trojes
del hambre, y de los hombres que arrebatas.


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IV. A la inmensa mayoría

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos sus versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
adonde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! ¡Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno. <3>


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V. En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


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VI. En nombre de muchos

Para el hombre hambreante y sepultado
en sed -salobre son de sombra fría-,
en nombre de la fe que he conquistado:
alegría.

Para el mundo inundado
de sangre, engangrenado a sangre fría,
en nombre de la paz que he voceado:
alegría.

Para ti, patria, árbol arrastrado
sobre los ríos, ardua España mía,
en nombre de la luz que ha alboreado:
alegría. <4>


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VII. Anchas sílabas

Que mi pie te despierte, sombra a sombra
he bajado hasta el fondo de la patria.
Hoja a hoja, hasta dar con la raíz
amarga de mi patria.

Que mi fe te levante, sima a sima
he salido a la luz de la esperanza.
Hombro a hombro, hasta ver un pueblo en pie
de paz, izando un alba.

Que mi voz brille libre, letra a letra
restregué contra el aire las palabras.
Ah, las palabras. Alguien heló
los labios -bajo el sol- de España.


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VIII. Por venir

Madre y madrastra mía,
España miserable
y hermosa. Si repaso
con los ojos tu ayer, salta la sangre
fratricida, el desdén,
idiota ante la ciencia,
el progreso.
Silencio,
laderas de la sierra
Aitana,
rumor del Duero rodeándome,
márgenes lentas del Carrión,
bella y doliente patria.
Mis años
por ti fueron quemándose, mi incierta
adolescencia, mi grave juventud,
la madurez andante de mis horas,
toda
mi vida o muerte en ti derramada
a fin de que tus días
por venir
rasguen la sombra que abatió tu rostro.


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IX. No te aduermas

Las dos de la mañana.
Canta
(un gallo, otro gallo
contesta.
El campo
de mi patria reposa
bajo la media luna.
Oh derramada España,
rota guitarra vieja,
levanta
los párpados
un gallo) que viene,
llena de vida
la madrugada.


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