|
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
Texto argumentativo de carácter inductivo. Pedro Salinas: ''Poder del hombre sobre la lengua''
|
 |
 |
 |
|
 |
 |
 |
| Ejemplo de texto argumentativo de carácter inductivo. Pedro Salinas: ''Poder del hombre sobre la lengua'' (1) |
| ¿Cuál es la relación consciente del hombre y su lenguaje? Me esforcé hasta ahora en sostener que la relación inconsciente, natural, entre lenguaje y hombre, es de rigurosa esencialidad. El hombre ha hecho el lenguaje. Pero luego el lenguaje, con su monumental conjunto de símbolos, contribuye a hacer al hombre, se le impone desde que nace. Sus fórmulas, moldes expresivos, forman una organización aceptada por la sociedad, y a la que hay que obedecer so pena de no ser entendido. Si un individuo rechaza la constitución lingüística normal de su país y adopta una sintaxis particular para su uso propio, ninguna ley hay que se lo vede, pero la sociedad lo dejará aislado, por la simple razón de que no sabe lo que dice. El lenguaje es el señorío de una realidad espiritual de símbolos, forjada durante siglos, sobre la anarquía individual. Pero admitido eso, ¿deberemos admitir también que el lenguaje funciona como una fatalidad, que nos arrastra en su caudal, como el arroyo a la brizna de hierba? Ha escrito Vossler que el hombre, por modesto que sea, al emplear el lenguaje nunca es un mero repetidor mecánico. "Aun en los seres más escasa y pobremente dotados vive la chispa de una lengua propia y libre. El más miserable esclavo, desde el punto de vista lingüístico, es autónomo siempre en un oculto rincón de su alma y nunca puede descender hasta el papagayo". Nos negamos a aceptar la actitud positiva ante el lenguaje, cuando afirma, basándose en el principio, idolatrado por el positivismo, de la evolución natural, que el lenguaje escapa casi por completo a toda acción voluntaria del hombre. Un brillante filólogo hispánico de la escuela idealista, Amado Alonso, afirma: "La lengua no es un organismo animal ni vegetal, no es ningún producto natural, ni tiene en sí leyes autónomas ni condiciones de existencia ajenas a la intervención de los hablantes. Una lengua ha sido lo que sus hablantes hicieron de ella, es lo que están haciendo, será lo que hagan de ella." ¡Qué profundo resonar dejan tras sí esas palabras del filólogo hispano-argentino! Porque nos llevan al centro mismo de nuestra responsabilidad, como hablantes de un idioma, hacia ese idioma. Nos llevan a la formulación de una pregunta gravísima: ¿Tiene o no tiene el hombre, como individuo, el hombre en comunidad, la sociedad, deberes inexcusables, mandatorios en todo momento, con su idioma? ¿Es licito adoptar en ningún país, en ningún instante de su historia, una posición de indiferencia o de inhibición, ante su habla? ¿Quedarnos, como quien dice, a la orilla del vivir del idioma, mirándolo correr, claro o turbio, como si nos fuese ajeno? O, por el contrario, ¿se nos impone, por una razón de moral, una atención, una voluntad interventora del hombre hacia el habla? Tremenda frivolidad es no hacerse esa pregunta. Pueblo que no la haga vive en el olvido de su propia dignidad espiritual, en estado de deficiencia humana. Porque la contestación entraña consecuencias incalculables. Para mí la respuesta es muy clara: no es permisible a una comunidad civilizada dejar su lengua desarbolada, flotar a la deriva, al garete, sin velas, sin capitanes, sin rumbo. |
Esencialidad. Cualidad de esencial: que forma parte de la naturaleza de algo, o que es una de sus características inherentes.
So pena de. Enlace gramatical subordinante con valor negativo, que equivale a "a menos que".
Vedar. Prohibir por ley, estatuto o mandato; impedir.
Señorío. Dignidad propia de señor: nobleza y decoro.
Forjar. Crear y formar.
Anarquía. Desconcierto, desorganización, incoherencia o barullo (por ausencia de una autoridad).
Positivismo. Sistema filosófico que admite únicamente el método experimental y rechaza toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto.
Idolatrar. Admirar con exaltación.
Mandatorio. ("Deberes mandatorios"). Que se impone. (El vocablo no figura en el DRAE).
Inhibición. Abstención de actuar o de intervenir en una actividad.
Desarbolado. Destartalado
(Irse al) garete. Sin gobierno; a la deriva, sin dirección o propósito fijo. |
| Breve comentario explicativo del texto de Pedro Salinas |
Salinas, a partir de una serie de ideas establecidas como premisas -y que constituyen el cuerpo de la argumentación-, llega, como coronación lógica del razonamiento, a la tesis, que sitúa al final del texto: cualquier comunidad que se diga civilizada debe ser respetuosa con su lengua, como una manifestación más de su propia dignidad espiritual.
La línea argumental del texto puede seguirse con toda claridad: aunque el hombre es el verdadero artífice del lenguaje, para poder ser entendido por la comunidad lingüística en la que se integra debe someterse a las fórmulas expresivas que dicho lenguaje ha venido desarrollado socialmente; aunque no de una manera mecánica, sino de un modo creador que sirva para manifestar su propia personalidad. No es cierta la afirmación del positivismo de que el lenguaje escapa a la acción voluntaria del hombre, ya que una lengua es lo que sus hablantes hicieron, hacen y harán con ella. De ahí que toda comunidad civilizada, consciente de su dignidad espiritual, deba estar pendiente de su lengua, como valioso instrumento de intercomprensión entre sus usuarios.
Conforman el cuerpo de la argumentación tres ideas fundamentales:
1. El hombre es el artífice del lenguaje, y las normas por las que éste se rige han de ser aceptadas socialmente para que la comunicación lingüística pueda llevarse a cabo y pueda, por tanto, ser entendido: "El lenguaje es el señorío de una realidad espiritual de símbolos, forjada durante siglos, sobre la anarquía individual".
2. El acatamiento de las normas lingüísticas que cada idioma impone no implica, sin embargo, un sometimiento puramente mecánico a las mismas por parte de los hablantes, ya que cualquier hombre puede emplear su propia lengua de modo libre y creativo. Y en apoyo de esta idea invoca Salinas la autoridad de Vossler: "Aun en los seres más escasa y pobremente dotados vive la chispa de una lengua propia y libre. El más miserable esclavo, desde el punto de vista lingüístico, es autónomo siempre en un oculto rincón de su alma y nunca puede descender hasta el papagayo".
3. Negativa a aceptar la teoría positivista según la cual "el lenguaje escapa casi por completo a toda acción voluntaria del hombre". Y para refutar este "principio idolatrado por el positivismo", Salinas se apoya en otro argumento de autoridad, ahora de Amado Alonso, que convierte, hábilmente, en un auténtico argumento ad hóminem, para combatir con él la teoría positivista: "La lengua no es un organismo animal ni vegetal (para estar sometido a la evolución natural), ni tiene en sí leyes autónomas ni condiciones de existencia ajenas a la intervención de los hablantes. Una lengua ha sido lo que sus hablantes hicieron de ella, es lo que están haciendo, será lo que hagan de ella".
Y, tras una serie de interrogaciones retóricas, altamente poéticas, que le sirven a Salinas de preparación de la tesis, se formula ésta al final del texto, a modo de conclusión, y montada en dos series paralelas de imágenes:
No es permisible a una sociedad civilizada dejar su lengua:
(1) desarbolada, a la deriva, al garete;
(2) sin velas, sin capitanes, sin rumbo.
O, lo que es lo mismo: sin impulso (desarbolada/sin velas), sin dirección (a la deriva/sin capitanes), sin control (al garete, sin rumbo).
Nota
(1) Epígrafe del ensayo "Defensa del lenguaje", incluido en El defensor; op. cit., págs. 299-301.
Volver |
|
 |
 |
 |
     |
 |
|
 |
|
 |
|