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Ejemplo de texto expositivo de estructura encuadrada
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| Texto de Pedro Laín Entralgo. "La Generación del Noventa y Ocho" (1) |
Cuenta el biólogo Jacobo von Uexküll la historia de una criadita berlinesa que vio hacer una tina de lavar. Todo lo encontraba la chica muy comprensible; todo, excepto la procedencia de la madera. "¿Cómo hacen la madera?" -preguntaba cavilosa a su dueña. "La madera -respondía ésta- se coge de árboles como los que hay en el Tiergarten." "¿Y dónde hacen los árboles?" -sigue inquiriendo la muchacha. "No los hace nadie, crecen ellos solos." "¡Vamos! -concluye la incrédula y civilizada marizápalos-. ¡En alguna parte tendrán que hacerlos!"
¿Si seremos un poco como esta criadita berlinesa todos los habitantes de una gran ciudad? ¿Tendremos un alma tan mecanizada y seca, casi incapaz ya de concebir la vida del árbol, el color de la tierra, el perfil del alcor, el vuelo rumoroso del insecto? Vivimos entre muros casi desheredados del sol, nos movemos hollando piedras ensambladas o compactamente embutidos en cajas mecánicas, holgamos congregándonos en locales oscuros, llenos de ficciones absorbentes. Ya no sabemos lo que es la naturaleza, ni recordamos el sabor del milagro. A veces cruzamos tal o cual plaza urbana, merecedora de unas manchas de césped o poblada por unos cuantos árboles, y nos sentimos traspasados por un desusado, casi desconocido deleite elemental. Otras veces, más raras, nos asomamos a un parque municipal, paseamos bajo los tilos verdes o cobrizos, y nos parece descubrir una nueva luz, un nuevo temple del alma, un mundo inédito. Muy de tarde en tarde nos decidimos a transponer esa orla de miseria, suciedad y dolor que circunda la ciudad, mas casi nunca para ver el rostro viejo y materno de la tierra. ¿Quién, entre cuantos transitan por la verbeneante acera, sospecha el color del pino cuando le hiere el sol rasante del atardecer, o la íntima, confidencial tristeza que rezuma la tierra cuando en el crepúsculo se hace oscura y violada, o el mudable gesto de la nube peregrina y difluyente? |
Tina. Vasija de madera con forma de media cuba.
Caviloso. Pensativo y muy preocupado, especialmente por excesiva desconfianza o suspicacia.
Inquirir. Indagar o investigar para conseguir una información.
Marizápalos. Por Maritornes, en alusión a la moza de venta del Quijote. Moza de servicio, ordinaria, fea y hombruna.
Alcor. Colina o elevación poco pronunciada del terreno, menor que un monte.
Hollar. Pisar.
Holgar. Divertirse, entretenerse con gusto en una cosa.
Ficciones absorbentes. Las que constituyen el argumento de una película y mantienen tensa la atención del espectador.
Deleite. Placer o gozo del ánimo o de los sentidos.
Tilo. Árbol de tronco recto y grueso, copa amplia, hojas acorazonadas, puntiagudas y con los bordes dentados, y flores blanquecinas y olorosas que se usan con fines medicinales.
Temple. Disposición apacible o alterada del cuerpo o del humor de una persona.
Orla. Adorno que rodea algo. (El vocablo está usado metafóricamente: "orla de miseria, suciedad y dolor que circunda la ciudad").
Circundar. Cercar o rodear dando la vuelta.
Verbeneante. Vocablo acuñado a partir del verbo verbenear (abundar, multiplicarse en un paraje personas o cosas), con el significado de "bullicioso".
La íntima, confidencial tristeza que rezuma la tierra. La tierra desprende la tristeza que parece contener en su seno.
Peregrino. Adornado de singular hermosura.
Difluyente. Difluente, que se esparce o derrama por todas partes. |
| Comentario de la organización interna del texto de Pedro Laín Entralgo |
A partir de la historia que refiere el biólogo Jacobo von Uexküll, Laín Entralgo hace una afirmación que recoge la idea esencial del texto: "Ya no sabemos lo que es la naturaleza". A continuación corrobora su pensamiento con una serie de observaciones: "A veces cruzamos tal o cual plaza urbana, (...). Otras veces, más raras, nos asomamos a un parque municipal, (...). Muy de tarde en tarde nos decidimos a transponer esa orla de miseria, suciedad y dolor que circunda la ciudad, (...)." Y concluye Laín Entralgo con una interrogación retórica, fuertemente expresiva, que ratifica su idea inicial, comparándonos con la criadita berlinesa, incapaz de concebir la vida del árbol: "¿Quién, entre cuantos transitan por la verbeneante acera, sospecha el color del pino cuando le hiere el sol rasante del atardecer, (...)?"
Así pues, la idea expuesta al comienzo del texto queda reafirmada al término del mismo, tras ofrecer el autor algunas explicaciones que la corroboran. Esta sería, pues, la representación esquemática de la estructura del texto de Laín Entralgo: |
| Entramado ideológico del texto | | Parágrafo 1 | Relato de una anécdota, puesta en boca de una criadita berlinesa, relativa a su ignorancia acerca de la procedencia de la madera y el origen de los árboles. | | Parágrafo 2 | Insensibilidad ante la Naturaleza. - El hombre "urbano" vive de espaldas a la naturaleza. - Desconocimiento generalizado del mundo de la naturaleza por los habitantes de una gran ciudad. - Reacciones emotivas ante el descubrimiento ocasional de vegetación en los espacios urbanos ("a veces/otras veces, más raras"). - El abandono de la ciudad no implica entrar en contacto con la naturaleza ("muy de tarde en tarde..., mas casi nunca"). - Ignoramos la incomparable belleza que el mundo de la naturaleza nos depara. |
Tal y como puede comprobarse en el análisis precedente, la información que figura en la parte central del parágrafo 2, convenientemente matizada y desarrollada, se reitera al final del texto, presentada ahora en forma de interrogación retórica, para que el lector comparta la opinión de Laín Entralgo acerca de nuestra incapacidad para disfrutar del incomparable "espectáculo" que la Naturaleza nos ofrece, para deleite de nuestro espíritu.
Nota
(1) El texto de Laín Entralgo reproduce el fragmento inicial -"El paisaje y sus inventores"- del libro La Generación del Noventa y Ocho. Madrid, editorial Espasa-Calpe, 1947. Colección Austral, núm. 784; p.15.
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